Lo que hacemos no es medir ruido. Es entender el problema con nuestros clientes.
Cuando una empresa lleva años invirtiendo en controles de ruido y el problema persiste, el error no está en las soluciones que eligió. Está en que no se ha entendido el problema completo antes de elegir una.
Esta operación minera pasó por ese camino: paneles acústicos en los equipos que parecían las principales fuentes de ruido de acuerdo con los resultados de las mediciones con dosímetro o estudios puntuales con sonómetro. Cada medida tenía lógica. Ninguna bajó el ruido a niveles seguros, porque cada una resolvía una suposición razonable, no el problema real de cada área.
Por eso lo primero que hacemos en RIL no es proponer un control. Es analizar el ruido con datos que llegan de forma continua a una plataforma en línea, desde una estación de monitoreo de ruido que funciona 24/7 en el área. Un ingeniero civil acústico especializado en ruido ocupacional revisa esa información: de dónde viene el ruido, en qué turno, bajo qué condición operacional.
Lo que encontramos: la mantención que nadie notó
Un área quedó, después de una intervención de mantenimiento, emitiendo más ruido que antes. Antes del monitoreo continuo, esa área se consideraba con niveles de riesgo seguros. Sin embargo, en ciertas condiciones, sobre todo después de una mantención, el nivel podía subir a alto sin que nadie en terreno lo detectara.
El ingeniero de RIL a cargo del monitoreo identificó el aumento. Como conocía la operación y estaba en contacto permanente con el área, reconoció que coincidía con una mantención reciente. Se lo comunicó al jefe del área y, juntos, revisaron los datos hasta llegar al mismo equipo. Coordinaron una revisión con mantenimiento, lo repararon, y el ingeniero volvió a revisar los datos para confirmar que el ruido había vuelto a nivel bajo.
“Nunca imaginé que después de una mantención el área fuera más ruidosa. La lógica me decía lo contrario. Y de haber notado el cambio, jamás habríamos identificado que era ese equipo en específico.” — Jefe de área.
El monitoreo continuo no complica la operación. La hace más visible. Y eso, al final, también resultó más económico: se resolvió con una revisión de mantenimiento, no con ingeniería nueva. Desde ese hallazgo, revisar los datos al cierre de cada mantención en esa área quedó incorporado al proceso.
Resultado: nivel de ruido de alto a bajo. Sin inversión adicional.
Si en tu operación el ruido está en niveles altos, si ya lo han intentado reducir sin buen resultado, o simplemente parece un problema demasiado difícil de resolver, es probable que falte comprenderlo antes de intervenir.
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